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Un fantasma recorre América Latina: la vuelta de las izquierdas | Talita São Thiago Tanscheit

En 2015, cuando Mauricio Macri ganó las elecciones presidenciales e interrumpió un ciclo de casi 13 años de gobiernos progresistas en Argentina, muchos analistas políticos afirmaron que la derrota del Frente para la Victoria sería el principio del fin de los gobiernos de izquierda en América Latina.

En ese momento, el diagnóstico parecía acertado, y en los años siguientes la izquierda fue derrotada en varios países de la región, como Chile en 2017 y Uruguay en 2019. Al mismo tiempo, la derecha se mantuvo en el poder en las elecciones de Perú en 2016 y en Colombia en 2018. En otros países, la derecha regresó al poder por vías antidemocráticas, y lo sucedido en Honduras en 2009 y en Paraguay en 2012 fue un preanuncio de los golpes de Estado de 2016 en Brasil y de 2019 en Bolivia.

Si es cierto que ha habido un fortalecimiento de la derecha, igualmente es cierto que sus mandatarios han tenido dificultades para ser reelegidos o elegir a sus sucesores. Su principal obstáculo es su propio programa político, que, como en los años noventa, sigue siendo profundamente neoliberal. En la región más desigual del mundo, y en un contexto de creciente hambre y pobreza, ¿cómo gobernar ignorando (o, incluso, profundizando) las desigualdades existentes? Las ideas de la derecha parecen poco atractivas electoralmente.

En un artículo publicado en la Revista Uruguaya de Ciencia Política en 2021, Juan Pablo Luna y Cristóbal Rovira Kaltwasser afirmaron que el giro a la derecha «constituye un proceso de alternancia generado por el castigo a los oficialismos de la última década y media». Dado que estos oficialismos eran mayoritariamente de izquierda, votar por la derecha se referiría más a una alternancia de poder típica de los regímenes democráticos que a un realineamiento ideológico estructural.

Actualmente, la afirmación de los autores parece más precisa que la realizada cuando Macri ganó las elecciones argentinas. Los últimos años también han estado marcados por un regreso de la izquierda al poder en toda América Latina, como en Argentina en 2019, Bolivia en 2020 y Honduras en 2021. Al mismo tiempo, las elecciones de 2018 en México y de 2021 en Perú representaron la primera victoria de la izquierda en países que históricamente han estado bajo gobiernos de derecha.

Merecen especial atención las varias elecciones que tuvieron lugar en Chile durante 2021. Luego de un largo proceso de reinvención de la acción colectiva, que alcanzó su apogeo con el estallido social de 2019, la izquierda logró varias victorias electorales. Destacan la redacción de una nueva Constitución, que sustituirá a la aún vigente, implementada durante la dictadura militar, y la reciente elección presidencial de Gabriel Boric, exlíder estudiantil y actual parlamentario de apenas 35 años. Este proceso tiene un fuerte protagonismo de rostros que antes estaban excluidos de los procesos políticos del país, como las mujeres y los pueblos originarios.

En 2022, América Latina celebrará tres elecciones presidenciales. Con la incertidumbre dominando las elecciones en Costa Rica, Colombia y Brasil esperan victorias de la izquierda. En Colombia, la izquierda lidera las encuestas de intención de voto con la candidatura de Gustavo Petro. Su favoritismo es un hecho inédito para el país, bastión de la derecha en la región. En este contexto, el conflicto armado ya no es el único asunto del sistema de partidos colombiano y el debate sobre el neoliberalismo sube al escenario con una crítica hacia este orden social de mercado.

Las elecciones de Brasil, el gigante sudamericano, son las más esperadas de la región. El golpe parlamentario contra Dilma Rousseff, en 2016, llevó a Michel Temer al poder e inició un proceso de desmantelamiento del Estado brasileño. Desde entonces, los derechos que están garantizados constitucionalmente le han sido retirados a la población. Si Temer y sus socios iniciaron un proceso de erosión democrática, se aceleró a niveles inimaginables con Jair Bolsonaro, y la preocupación por las condiciones de vida de la población está en último lugar.

La operación Lava Jato, como quedó de manifiesto con los procesos recientes, fue una farsa, y la recuperación de los derechos políticos de Lula abre un nuevo horizonte para la democracia en Brasil. Como indican todas las encuestas de intención de voto, el expresidente es el gran favorito para ganar las elecciones presidenciales de este año, como ya lo era en el momento de su arresto, en 2018. Se espera que su reelección permita la recuperación del Estado, en un nuevo período marcado por el desarrollo con inclusión social y distribución de la renta, al igual que en sus dos primeros gobiernos.

Con esta alternancia de poderes, parece no haber más una hegemonía de izquierda o de derecha en América Latina, sino un equilibrio entre los dos campos políticos. La novedad de este período, en una región en la que los partidos de derecha han sido la norma desde el punto de vista histórico, es la existencia de izquierdas socialmente arraigadas y electoralmente competitivas. Sin embargo, sus caminos hacia el poder son variados y dependen de diferentes trayectorias y experiencias existentes (y posibles) en cada uno de estos países. Al igual que en la ola rosa, estas izquierdas no son homogéneas, sino fruto de diferentes tradiciones, y tienen importantes diferencias entre ellas.

En el próximo período, el desafío de las izquierdas es enfrentar juntas el neoliberalismo y el conservadurismo, así como el autoritarismo. En ese sentido, es importante recuperar la política y reafirmar el papel del Estado como instrumento para mejorar las condiciones de vida de la población. Al mismo tiempo, los partidos y los gobiernos de izquierda deben estar abiertos a renovar su liderazgo y actualizar su programa, particularmente con los rostros y las ideas de las mujeres y los jóvenes, que han sido protagonistas de la resistencia al neoliberalismo en el último período.

La elección de mujeres presidentas en 13 de las 19 departamentales del Frente Amplio uruguayo en sus últimas elecciones internas es un ejemplo importante a seguir. También es destacable el compromiso de Boric de conformar un gabinete ministerial con paridad entre hombres y mujeres. El aporte del feminismo integra la defensa de los servicios públicos para apoyar las políticas de cuidado social y reproducción de la vida, así como la posibilidad de que todas las formas de familia se desarrollen plenamente.

El escenario actual es de recesión económica; aunque hay una recuperación en las commodities, estas no están al mismo nivel que a principios del milenio. Al mismo tiempo, la pandemia ha desvelado las desigualdades en los países de la región de manera impresionante. Si la izquierda gana las elecciones en Brasil y Colombia, dirigirá las seis economías más grandes de América Latina. A pesar de las condiciones adversas, será posible, entonces, que este nuevo ciclo esté signado por la realización de los ideales de igualdad y justicia social que han marcado las distintas trayectorias y experiencias de la izquierda latinoamericana.

  • Talita São Thiago Tanscheit é Doctora en Ciencia Política. Investigadora en el Observatorio Político Sudamericano y en el Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro. Twitter: @talitastt.
  • Publicação original : Brecha
Afp, LulaOficial, Ricardo Stuckert

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